Incentivos contra el éxodo de profesores y médicos

Mantener a médicos y docentes en zonas rurales alejadas del área central -en las que ya solo reside un 20% de la población asturiana- comienza a ser una tarea difícil. Los docentes que ocupan dichas plazas -la mayoría, interinos- sostienen que «la rotación es elevadísima». Por eso, en un momento en el que el Gobierno quiere poner freno a la despoblación con el plan demográfico y en el que los profesores eventuales reclaman estabilidad ante la convocatoria de oposiciones que temen dejen «a cientos» en la calle, el consejero de Educación, Genaro Alonso, ha avanzado que abrirá una negociación con los sindicatos para dar mayor puntuación a aquellos que ocupan puestos de difícil desempeño (ahora obtienen un punto por curso) a cambio de una permanencia de cuatro años.

Este curso son unas 600 plazas que se distribuyen fundamentalmente en centros públicos de Educación Básica; centros que escolarizan a un porcentaje superior al 25% de alumnado de necesidades específicas de apoyo educativo, escuelas hogar, centros públicos de Educación Especial y unidades de educación especial en centros ordinarios, pero podrían ser más. La idea de Educación es ampliarla a todos Colegios Rurales Agrupados (CRA) y podría beneficiar a 400 maestros. Suatea -que llevó esta propuesta a la comisión de seguimiento- se congratula de que el Principado la haya tenido en consideración, pues hay acuerdos similares en Canarias (con una permanencia de cuatro años) y en Aragón, con una estancia máxima de tres. CC OO cree que la medida debería forma parte de una «acción global» para mantener la escuela rural, «desmantelada en la última década tras aplicarle los mismos criterios que en la urbana».

En el ámbito sanitario confluyen dos condicionantes. A la ya de por sí complicada tarea de cubrir las plazas menos atractivas para médicos y enfermeros por su lejanía de la zona central se suma la falta de profesionales. Un problema nada menor y que afecta a muchas otras comunidades. Por eso se trata de buscar una solución a nivel nacional para incentivar la ocupación de los puestos en zonas de difícil cobertura, pero de momento no se ha concretado ninguna medida. La que sí está aplicando ya la Consejería de Sanidad del Principado es no conceder, salvo excepciones extraordinarias, comisiones de servicios a los profesionales adscritos a las alas, sabedores de que eso podría favorecer su vaciamiento.

Un dato significativo es que, en la última oferta pública de empleo, de los 258 especialistas que consiguieron plaza, solo 36 se fueron a áreas periféricas. Y en el último concurso de traslados, de los 179 médicos que lo consiguieron, solo dos habían solicitado un puesto en las alas.

El sindicato médico Simpa considera que se esta realidad se podría revertir con tres tipos de incentivos. Empezando por el económico, siguiendo por la promoción profesional -otorgando mayor puntuación en las ofertas públicas de empleo a los que ocupen puestos en zonas apartadas- y finalizando por el investigador, favorecer el desarrollo de programas de investigación vinculados con el trabajo en el medio rural. El vocal del Simpa José Antonio Vidal cree que con esos «mimbres» se pueden hacer atractivas plazas que ahora mismo se rechazan. Y pone como ejemplo lo ocurrido con la OPE de noviembre de 2016, cuyos 96 puestos -38 de ellos en áreas periféricas- comenzaron a cubrirse un año después. «Un montón de gente ha renunciado a las plazas periféricas. Hasta el momento, tantas como sacaron plaza, porque ahora mismo están llamando al número 180», cuenta. EL COMERCIO ha hablado con varios profesionales que se encuentran en esta situación.

María Cueto Profesora de Llingua y Literatura en Secundaria en el Centro de Educación Básica (CPEB) de Colombres (Ribadedeva)

«El alumnado agradece muchísimo que estés en el centro más de un curso»

Gijonesa, de 33 años, éste es su cuarto curso trabajando como interina y el segundo en el CPEB de Colombres. «En mi caso, la existencia de vacantes en el oriente es algo positivo cuando decides no vivir en los núcleos urbanos del área central. Sin embargo, la mayor parte de los compañeros suele desplazarse diariamente desde el centro o alquilar una vivienda en Colombres o Llanes. Mi percepción es que muchos están de paso y somos pocos los que tenemos la idea de quedarnos el curso siguiente. Del profesorado interino de Secundaria del año pasado, hemos repetido destino dos».

Como muchos otros docentes, subraya que «el alumnado agradece muchísimo que permanezcas en el centro más de un curso. De hecho, es frecuente que nos manifiesten esta opinión». Para solucionar el problema de la rotación constante de profesores -algo que «no es exclusivo de los centros de difícil desempeño, aunque quizá suframos más esa problemática»-, ve positivo que se considere la posibilidad de propiciar una estabilización del profesorado. «Por los alumnos y por mejorar nuestras condiciones. Dar estabilidad al profesorado es bueno siempre».

Diego Santos Imparte Música y es secretario del Colegio Jovellanos de Panes (Peñamellera Baja)

«Los concursos de traslados de interinos pueden ser otra opción para estabilizarnos»

Es su segundo año en el Colegio Público Jovellanos de Panes, donde todos los docentes, salvo el director, son interinos. Diecinueve, más el profesor itinerante de Religión que se traslada desde Colombres. Proceden de sitios muy distintos (hasta de Sigüenza y Zaragoza). Se da la circunstancia de que este año muchos, salvo seis, repiten.

Para Diego, de Solares y licenciado en Musicología en Oviedo, el oriente es una buena zona, por su proximidad a casa. Pero no siempre fue así. Antes de llegar a Panes, estuvo dos años en Cangas del Narcea, en el CRA Valle del Naviego. Luego, ya sí, pudo acercarse al Colegio de Educación Básica de Colombres. Siempre con medias jornadas hasta el pasado curso, ya con una jornada completa al sumar su función como secretario del colegio. «Estabilidad es la palabra clave, porque siempre estamos con la maleta preparada».

¿Fórmulas? «Una propuesta puede ser la del consejero, aunque habría que ver qué pasa si en el ecuador nos interesa más otra plaza. Dos años o tres en el mismo lugar podría estar bien, aunque otra opción que se me ocurre es que haya un concurso de traslado de interinos. Que nos asignaran una plaza hasta los siguientes exámenes, salvo que en el siguiente concurso otro ocupe tu plaza y te asignen otra. Porque los niños necesitan continuidad en la metodología y con los tutores, que puedan empezar y acabar el ciclo con ellos».

Ana Isabel Ríos Profesora de Educación Plástica en el CPEB de Cerredo (Degaña)

«Pedimos que no nos pongan más zancadillas y respeto para la zona rural »

Acaba de cumplir 40 años y desde que acabó sus estudios de Bellas Artes lleva trabajando para la educación pública. «En dieciséis años, salvo este curso, no repetí centro de manera continuada». Su especialidad es Dibujo, aunque también está en la lista de Diseño del Producto. «A partir de 2008, se redujeron las horas de la asignatura de Educación Plástica, Visual y Audiovisual y todo esto derivó en pocas plazas vacantes o bajas, a lo que hay que añadir que cuando trabajas en las zonas periféricas estas materias suelen ser de media jornada». Aunque su situación personal le facilita adaptarse, no oculta que después de tantos años «la incertidumbre hace mella» y empezó a estudiar Historia del Arte. «Este año unos opositan y otros creíamos opositar (Dibujo se queda fuera). Los viernes se acelera la salida a las tres para llegar a las clases de preparación a las oposiciones. Una locura después de trabajar seis horas y dos horas de viaje».

Cree que Educación «ha soltado la propuesta sin contar con los principales protagonistas» y se pregunta «qué va a pasar con los interinos que llevamos más de diez años en las zonas rurales a media jornada y sin oposición. Después de tantos años sin poder opositar en Arte y otras especialidades, pedimos algo de aire; que nos respeten: al profesorado en general, a los interinos y a las zonas rurales».

Ana Solís Profesora de Formación y Orientación Laboral en Secundaria en el IES Cangas del Narcea

«No me importaría quedarme si pudiera arreglar mi vida aquí»

Se levanta a las 5.30 de la mañana en su casa, en Avilés, para estar en el instituto a las ocho, en Cangas del Narcea. Y, después, si ese día no hay evaluaciones o reuniones de equipos docentes por la tarde, vuelve a recorrer otros cien kilómetros para regresar. «Tengo un hijo adolescente, de diecisiete años, y no me parece justo que cada vez que me mandan a un sitio tenga que acompañarme. La carretera estresa, pero no me quejo, me gusta mi trabajo», dice Ana, de 50 años, y siete como interina. Aunque el suyo no es un puesto de difícil desempeño, si el planteamiento de la consejería se extendiera a más plazas de la zona rural, sí se trasladaría. «No me importaría quedarme si pudiera arreglar mi vida aquí».

Sandra García, jefa de estudios y profesora de Matemáticas en el Colegio Jovellanos de Panes

«Que te aseguren cuatro años en un mismo lugar da una tranquilidad enorme»

Ovetense, de 26 años, Sandra García es, desde hace dos años, interina en la especialidad de Primaria y lleva curso y medio en Panes. «Llegué aquí porque me tocó», dice, y decidió quedarse a vivir en el concejo dada la distancia (a 140 kilómetros de la capital) y tener una jornada partida, en la que salía a las 16.30 horas de la tarde.

Como miembro del equipo directivo, afirma que «el hecho de que no haya continuidad del profesorado es uno de los mayores problemas con los que te puedes encontrar. Cada curso es nuevo y tienes que empezar de cero. Pero, sobre todo, esa falta de estabilidad es perjudicial para el alumnado. Cada maestro es un mundo y los alumnos se adaptan a él. Por eso, es fundamental que tengan el mismo profesor por lo menos durante dos años para que el proceso enseñanza-aprendizaje vaya sobre ruedas».

Sobre la propuesta de la consejería, cree que es «la clave para acabar con la rotación del profesorado en este tipo de colegios. Por supuesto que aceptaría trabajar aquí y estar cuatro años. Adoro mi profesión, sea aquí o en el centro, y asegurarte cuatro años en el mismo centro es, sin duda alguna, una tranquilidad enorme . Me parece una buena medida para los centros y el profesorado».

Beatriz Hernández Villar Médico de familia en Taramundi

«Sacar la plaza en Taramundi fue como una hecatombe, pero no pude rechazarla»

Pasó de trabajar en las urgencias del Hospital San Agustín a pasar consulta en un modesto, aunque moderno, centro de salud en el occidente de Asturias. La avilesina Beatriz Hernández Villar, 37 años, consiguió una plaza en propiedad en las últimas oposiciones de Atención Primaria. «Fue como una hecatombe, pero no pude rechazarla». Al disgusto inicial por tener que romper con su vida y poner kilómetros de por medio entre ella y su familia siguió un periodo de adaptación que acabó por atraparla. A los dos meses, le ofrecieron volver a urgencias y lo rechazó. Para entonces, ya había descubierto la bondad y amabilidad de unos vecinos que «hacen honor al nombre de pacientes. Son gente superdispuesta, que cree en tu palabra. Les das un tratamiento y el 90% sigue tu prescripción». Son ya, dice, parte de su familia. Sus compañeras, dos enfermeras y una administrativa «excelentes», son un motivo más para querer continuar en Taramundi. Al menos unos cuantos años más que, por ahora, ni se plantea concretar. «Llegué allí con un pesar tremendo y ahora me iría con un pesar tremendo», confiesa.

Porque el mundo rural tiene sus ventajas. «La atención primaria aquí no tiene nada que ver con la que se hace en un centro urbano. Es otro tipo de medicina». Empezando por que el cupo de pacientes que maneja en Taramundi es de 600 y en Avilés, donde hizo la residencia, podía llegar perfectamente a 2.000.

Ofrecer contratos más largos a los médicos que terminan la residencia para que ocupen los puestos de difícil cobertura y acotar las comisiones de servicio para evitar el abandono de las plazas propias en las alas son algunas de las medidas que entiende serían más efectivas, dado que los incentivos económicos «son complicados».

Helena Santos Neuróloga en Jarrio

«Soy la neuróloga con más pacientes de toda Asturias. Veo más de los que debería»

Barcelonesa de nacimiento, gallega de crianza, Helena Santos acabó hace seis años en el hospital de Jarrio. El único neurólogo del hospital se jubilaba y ella no encontró competencia para hacerse con el puesto, eso sí, como interina. Ventajas de ocupar una plaza en la periferia. Una plaza que salió a concurso en la última OPE y que ahora la coloca en una situación de inestabilidad laboral. Mientras esa plaza no la ocupe un titular, Santos seguirá siendo «la neuróloga con más pacientes de toda Asturias»: 47.000, cuando lo normal, dice, serían 20.000. Desventajas de ser la única neuróloga de todo el área sanitaria I. Como la de unas guardias en las que «tienes que hacer cosas de todas las especialidades». Fue algo que, «al principio, me costó» y entiende que «puede echar para atrás» a otros.

Referencias

El Comercio